Lo que dura la sombra A la una de la tarde, sentada en rue Bonnaterie, espero sin nada a lo que esperar. El calor excesivo no impide el trasiego de gente en la calle peatonal, ni siquiera los comercios cerrados hacen desistir de sus paseos a los visitantes de esta ciudad a la que vuelvo una y otra vez. Una botella de agua y unas uvas muscat distraen mi estómago vacío. Lo que dure la sombra que me proporciona el edificio que tengo a mi espalda es el tiempo con el que cuento para escribir este relato. Un olor a pis de gato, que trae de forma intermitente la brisa caliente, me perturba y me hace levantar la vista de mi libreta. Me pongo a contar las personas que pasan y que me parecen felices. Un «no» rotundo respondo a una mujer que me pide las uvas, «bonjour» devuelvo a una joven que me saluda al pasar, y un «no, merci» a otra que me ofrece la paz eterna. Nada, no pasará nada. Si usted, lector o lectora, espera que ocurra algo que quiebre el devenir —¿apacible?— de estas letras, está en un error y puede dejar de leer. Si decide seguir devendremos los dos, sin más, lo que dure la sombra. Sol Moracho 26 de julio de 2018 CC BY SA Cualquier utilización de esta obra requiere referencia a la autora. Se permite el uso comercial de la obra y de las posibles obras derivadas, la distribución de las cuales se debe hacer con una licencia igual a la que regula la obra original. Si deseas utilizar el contenido con fines directa o indirectamente comerciales y no te acoges exactamente a esta licencia, por favor ponte en contacto para que se autorice su uso. Navegación de entradas SilentePoema a la Poeta